lunes, 22 de abril de 2013

Fobia a la sangre-inyecciones-heridas.



La fobia a la Sangre/Inyecciones/Heridas (SIH) es un tipo de fobia específica que posee algunas características diferenciales en relación al resto de fobias. En este caso, el miedo  aparece como respuesta a la visión de sangre, recibir inyecciones u otras intervenciones médicas invasoras, y/o ver o hablar de intervenciones quirúrgicas. Es habitual que las personas con fobia a SIH generalicen su temor a los hospitales, ambientes médicos y dentales, instrumental médico y olores de medicinas. Sin embargo, los fóbicos a la SIH no suelen temer la visión de su sangre menstrual o la manipulación de carnes rojas.
Ante los temores descritos, las personas con fobia a SIH ven limitada su vida en el campo de la salud, evitando intervenciones o pruebas médicas importantes; su vida familiar, al evitar embarazos; o su vida profesional, dejando de lado estudios que se relacionen de alguna manera (Ej.: medicina o enfermería).


¿Cómo se origina?
En la actualidad se conceptualiza la naturaleza de las fobias como la interacción entre diversas variables.

Vulnerabilidad biológica: Se considera que existe un grado importante de heredabilidad en la fobia a SIH (entre el 60 y 70%). La vulnerabilidad biológica se traduce básicamente en cierta hipersensibilidad al estrés (respuesta física más sensible e intensa) y lo que se denomina factores temperamentales (forma general de reacción al entorno).

Vulnerabilidad psicológica: Esta vulnerabilidad está relacionada con las experiencias.

Experiencia general: hace referencia a las experiencias tempranas, estilos educativos y demás eventos vitales que han ido guiando, junto con la base biológica, la personalidad, el estilo de afrontamiento, la susceptibilidad a la ansiedad o al asco, etc. Tienen que ver con los mensajes negativos que la persona recibe desde la infancia sobre los peligros, y cómo se reacciona ante ellos.


Experiencia específica: Hace referencia a las experiencias que se relacionan más directamente con el estímulo que acaba convirtiéndose en fóbico. Por ejemplo, Carlos se desmayó tras una visita al dentista en la que le extrajeron una muela y vio su herida en el espejo. Aquí también se incluye el aprendizaje por modelado; es decir, la forma en la que las personas significativas (los padres) reaccionan ante la sangre o las heridas se puede transmitir fácilmente, ya que constituyen un modelo de conducta.

Características del estímulo: No todos los estímulos tienen la misma probabilidad de convertirse en fóbicos. Actualmente, se considera que aquellos estímulos que históricamente representan un peligro para la vida son los que se prestan con mayor facilidad al desarrollo de la fobia (Ej. La sangre es un estímulo que “indica” que puede haber peligro de desangrarse).

La respuesta difásica.
El patrón fisiológico de respuesta en la fobia a SIH es muy distinto al de la reacción de miedo y ansiedad que se da en el resto de fobias (y en los trastornos de ansiedad). Mientras que con otros miedos la respuesta es enteramente activadora, en la fobia a SIH se da lo que se denomina respuesta difásica. Dicha respuesta se inicia con la activación del organismo, que da sensaciones corporales similares a las de cualquier otra situación de miedo, pero es seguida por una fase de acelerada disminución de la activación. 
La explicación de esta diferencia se basa en que la reacción normal de miedo se da para que el cuerpo pueda huir o luchar ante la situación de peligro, para lo cual su activación aumenta. Pero en el caso de la sangre o las heridas, la cosa es diferente porque el organismo actúa de manera que pueda minimizar la propia pérdida de sangre, retirándola de la periferia mediante una disminución de la presión sanguínea. Si la presión arterial disminuye, el riego sanguíneo cerebral es menor. Esto no es en absoluto peligroso, pero puede producir mareo, sensación de desconexión, desvanecimiento y desmayo. El desmayo no tiene más peligro que el que puede producirse con la caída.

El tratamiento.
El tratamiento psicológico de la fobia a SIH tiene como objetivos la superación de las limitaciones de la propia fobia y el afrontamiento de las situaciones temidas. En ningún caso, el tratamiento puede tener como objetivo la eliminación total de la ansiedad o el miedo. El tratamiento implica, por tanto, la exposición gradual a los estímulos fóbicos, pero en el caso de la fobia a SIH, es muy importante el entrenamiento en la técnica de tensión aplicada, previo a la exposición. Mediante esta técnica, se pretende que el paciente consiga mantener la activación fisiológica durante la visualización de los estímulos fóbicos. A diferencia de otros problemas de ansiedad, en el caso de la fobia a SIH no se recomienda el entrenamiento en relajación, llegando a ser contraproducente. Esto se debe a las características particulares de la respuesta fóbica (disminución de la presión sanguínea). 








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