lunes, 1 de diciembre de 2014

La Navidad sin un ser querido

"Quiero que las fiestas pasen cuanto antes, que me levante un día y que hayan terminado". "Que no lleguen nunca". "No pienso celebrarla, haré como si no existiera" Este y otros pensamientos similares son sólo algunos de los que podemos oír en esta época del año. La Navidad, hasta para los corazones más fríos, evoca nostalgia y recuerdos de algún tiempo mejor. Y esa carga de sentimientos se antoja más grande cuando se echa de menos a alguien, que ya nunca va a volver a estar. Sin duda, el dolor que produce la pérdida de un familiar o amigo, en estas fechas, se vuelve más patente.

Cuando se ha sufrido la pérdida de alguien querido, la Navidad puede provocar un tremendo vacío y mucho dolor por la ausencia de esa persona que nos ha dejado. Incluso mucho antes de que lleguen estas fiestas, las personas ya empiezan a temerlas, a preguntarse cómo van a poder con ellas, a desear que pasen lo antes posible.

Es una época difícil para las personas en duelo ya que todo a su alrededor transmite alegría e incluso les duele ver que todo el mundo es feliz y que ellas están inundadas por una inmensa tristeza. Además, si está en su primer año de duelo, ese tiempo resulta especialmente duro, pues es cuando se sucede el vivir 'el primer cumpleaños sin...', 'las primeras vacaciones sin...' etc.



Otro de los factores, además del tiempo transcurrido de la muerte dentro de la evolución del duelo son las circunstancias de la muerte, como por ejemplo la causada por un hecho traumático la edad del fallecido, el vínculo afectivo que nos unía a él- mucho más intenso cuando se pierde a un hijo- o el apoyo social, etc. Todo esto influye a la hora de afrontar la Navidad.

Consejos para afrontar las fiestas

Algunas personas deciden, sobre todo el primer año, no celebrarlas, hacer como si fueran días normales, o bien realizar un viaje a un lugar que no les recuerde lo que ha sucedido. Pero al año siguiente tendrán que volver a enfrentarse a la misma situación, por lo que siempre habrá una primera Navidad sin.

Una de las propuestas es llevar a cabo una reunión familiar antes de que lleguen las Navidades, en la que participen todos los miembros, niños y adolescentes incluidos. Ahí, cada uno habla de lo que le gustaría hacer estos días, de sus miedos y necesidades, como una forma de compartir los sentimientos por los que están atravesando, y juntos decidir qué es lo mejor para todos en estos momentos tan difíciles. Y después, hacerle saber a la familia extensa lo que se ha decidido, y lo que necesitan de ellos, para evitar así la falta de comprensión que suele haber entre los allegados a la hora de celebrar estas fiestas.

Otra de las propuestas es buscar una manera de recordar al ser querido, por ejemplo, en la cena de Navidad, en Nochevieja o en Reyes, recordarles con una foto, una vela, nombrándolo, contando algo de él. Esto quizá provoque que se salten las lágrimas, pero de alguna forma reconfortará haber podido tenerle presente, hablar de él, u honrarle.

Es importante, además, que los niños estén presentes en estos rituales, y que ellos también aporten cosas. No es bueno hacer como si nada hubiese pasado.

Qué pasa con los niños

Como en cualquier otra época hay que invitar al niño a que entre en contacto con sus emociones, desde un contexto de confianza generado por el adulto. La actitud de la familia ante la situación es un espejo en el que el niño se mira. Él siente la inquietud y el malestar de los padres y los más pequeños lo registran como peligro y riesgo de abandono. Por tanto, es fundamental explicitar lo que se siente, a cualquier edad, ya que genera una dinámica más sana: ¿Confían los adultos en sus amigos, hablan con ellos y les piden ayuda? ¿No niegan lo que sienten y no dicen que no pasa nada mientras les ven llorar?.

El niño debe ser partícipe en todo momento del dolor que produce la ausencia y de los recuerdos que se evoquen hacia esa persona querida. El niño necesita que escuchen sus temores y fantasías y que acepten sus sentimientos como válidos e intachables, ya que ese proceso de validación le ayuda a sanar la herida y eliminar culpa. Así, es muy importante que los adultos den permiso al niño para que sueñe y disfrute de la magia de la Navidad. Los niños no deben sentir culpa por querer jugar y disfrutar.

Por otro lado, hay que hacer partícipes a los niños de lo que está pasando en la familia. Así, es bueno que los adultos manifiesten y expresen su dolor delante de los ellos, siempre que no sea de modo desconsolado. Eso les enseña que ellos también pueden llorar delante de los demás: Es bueno llorar juntos y abrazados pero sin que el niño se sienta obligado a tener que estar triste porque los demás lo están.






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