sábado, 29 de junio de 2013

El trastorno límite de personalidad

EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), como todo síndrome, está sujeto a las diferencias individuales, presentando variantes que confunden a los terapeutas en el diagnóstico. Todavía existen incluso psiquiatras que no reconocen el síndrome TLP como una enfermedad.

Los familiares de las personas afectadas por este trastorno se sienten impotentes y confusos. No entienden qué ocurre, qué están haciendo mal en su vida, o qué podrían cambiar con tal de mejorar la situación que padecen.
Acuden a especialistas en busca de consejo y orientación, pero a menudo la propia urgencia y angustia del problema, así como la ausencia de centros especializados para abordar esta enfermedad en todos sus ámbitos, hace que se haga difícil tratar el caso desde una óptica integradora.

Muchas de las personas que acuden a los centros sanitarios y a los terapeutas en busca de ayuda son padres afectados por el problema de sus hijos, pero es un problema que afecta también a otros familiares.



Incidencia

El trastorno límite de la personalidad afecta a alrededor del 2% de la población general, a aproximadamente el 10% entre los pacientes vistos en los centros ambulatorios de salud mental y a un 20% entre los pacientes psiquiátricos que se encuentran ingresados.


Características del síndrome

El Trastorno Límite de la Personalidad, como todo síndrome, está sujeto a las diferencias individuales, presentando variantes que confunden a los terapeutas en el diagnóstico. Todavía existen incluso psiquiatras que no reconocen el síndrome TLP como una enfermedad.

El patrón más habitual es una inestabilidad crónica en el principio de la edad adulta, con episodios de grave descontrol afectivo e impulsivo y alta demanda de los recursos de salud mental.

En bastantes casos hay antecedentes familiares por parte de alguno o ambos padres, con problemas mentales, drogadicción o alcoholismo.

El deterioro causado por el trastorno y el riesgo de suicidio son mayores en los primeros años de la edad adulta y van desapareciendo gradualmente con la edad.

Durante la cuarta y quinta décadas de la vida, la mayoría de los sujetos con este trastorno logran una mayor estabilidad en sus relaciones y su actividad profesional.


Los enfermos

Los afectados por TLP son muy receptivos y tienen una gran capacidad para la manipulación. Suelen culpar de todos sus problemas a las personas con las que conviven.

En ellos los métodos educativos habituales no parecen funcionar. Nuestros esfuerzos por explicarles su situación o la realidad en que la viven son inútiles, porque parecen no escucharnos.

La convivencia es una constante lucha para intentar reconducirlos a la vía de la normalidad. Es muy difícil conseguirlo sin ayuda y el fracaso de la familia se manifiesta en forma de separaciones de los cónyuges y depresiones. El cambio en la vida familiar afecta a todos los niveles.


Descripción de las conductas e ideaciones

Es frecuente que los sujetos con TLP expresen ira intensa e inapropiada a la situación o que tengan problemas para controlarla. Pueden mostrar sarcasmo, amargura persistente o explosiones verbales. Frecuentemente, la ira es desencadenada cuando consideran que una de las personas de su entorno no se ocupa de ellos o piensan que les abandonan. Estas expresiones de ira suelen ir seguidas de sentimientos de pena y culpabilidad y contribuyen a la cognición que tienen de ser malos.

La ira se produce incluso ante una separación que en realidad es por tiempo limitado o cuando se producen cambios inevitables en los planes (por ejemplo, reacción de desesperación brusca cuando el clínico les anuncia el final de su tiempo de visita, angustia o enfurecimiento cuando alguien importante para ellos se retrasa, aunque solo sea unos minutos, o cuando tiene que cancelar su cita con él).

Estos temores de abandono están relacionados con la intolerancia a estar solos y con la necesidad de estar permanentemente acompañados de otras personas. Sus exagerados esfuerzos para evitar el abandono pueden incluir actos impulsivos como los comportamientos de automutilación o suicidas.

Pueden idealizar a sus familiares, a quienes se ocupan de ellos o a sus amantes las primeras veces que empiezan a salir, pedirles que estén mucho tiempo a su lado y compartir muy pronto los detalles más íntimos. Sin embargo pasan rápidamente de idealizar a los demás a devaluarlos, pensando que no les prestan suficiente atención, que no les dan lo que ellos quieren o no "están" lo suficiente.

Son propensos asímismo a los cambios drásticos en su opinión sobre los demás, que pueden ser vistos alternativamente como pilares beneficiosos o absolutamente perniciosos. Tales cambios suelen reflejar la desilusión con alguna de las personas que les atienden y cuyas cualidades positivas han sido idealizadas en un principio y de quien posteriormente esperan el rechazo o el abandono.

Estos sujetos pueden cambiar bruscamente desde el papel de suplicar la necesidad de ayuda hasta el de vengador de una afrenta ya pasada.

Si bien lo habitual es que su autoimagen esté basada en verse un ser malvado o desgraciado, a veces los individuos con este trastorno tienen también el sentimiento de que no existen en absoluto, como una sensación de vacío.

Se aburren con facilidad y están buscando siempre algo que hacer, y pueden tener la necesidad de controlar ellos a otros o acusarlos de querer ejercer un control sobre ellos.

Tienen una sensibilidad interpersonal especial: algunos poseen una habilidad asombrosa para "leer" en la gente y descubrir sus puntos débiles.

También tienden a parecer más competentes de lo que en esos momentos son. A veces ocultan bajo una especie de máscara su verdadero estado.


Actitudes autodestructivas

Los actos de automutilación (cortarse o quemarse) y las amenazas e intentos de suicidio son muy frecuentes.

Estos actos autodestructivos suelen estar precipitados por los temores a la separación o al rechazo, o por la expectativa de tener que asumir una mayor responsabilidad.


El diagnóstico

El diagnóstico de la TLP es un proceso complejo y debe ser siempre realizado por un profesional de la materia. Los profesionales generalistas pueden hacer un diagnóstico y una primera valoración de la situación, pero es necesario que los familiares pidan la opinión de otro profesional para descartar otras psicopatologías.


Tratamiento

El tratamiento debe ser realizado por especialistas con experiencia en este tipo de trastornos, tanto psicoterapéutico como farmacológico.

Un tratamiento adecuado del trastorno límite de la personalidad necesita ser multidisciplinar. Hace falta recurrir a psiquiatras, psicólogos, educadores especializados, centros de día o urgencias psiquiátricas y ayuda a la familia. El tratamiento debe aplicarse en toda su intensidad, y de forma continuada, cuando el paciente tenga entre los 12 y los 35 años, precisamente en el período en el que una persona desarrolla su carácter y decide su orientación vital y profesional.

Estas personas, al no haber desarrollado los suficientes recursos propios para hacer frente a nuevas dificultades y situaciones y en muchas ocasiones no ser conscientes de ello, necesitan toda la ayuda que se les pueda dar; pero sin hacer las cosas por ellos, tratando de no alimentar su extrema dependencia e intentando que aprendan a hacer las cosas por sí mismos.

Afortunadamente, la enfermedad suele mejorar conforme el paciente va creciendo y madurando psicofisiológicamente.


Tipos de terapias

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el uso de medicación en estos pacientes ha de ir siempre acompañado de una psicoterapia. La medicación como único tratamiento no es en absoluto recomendable.

El tratamiento psicológico tenemos que asumir que es imprescindible; y lo habitual es que los primeros resultados sean obtenidos a largo plazo. El conocimiento de la efectividad de las terapias es objeto de estudio continuo por parte de las distintas escuelas. Entre éstas están:

Terapia Cognitiva
Terapia Dialéctica Conductual
Psicoterapia Psicoanalítica
Terapia Icónica para la Estabilización Emocional
Las terapéuticas más habituales han venido abordándose desde el psicoanálisis. La doble característica médica y psicoanalítica de muchos psiquiatras ha favorecido que este planteamiento siga teniendo un gran desarrollo.

Son, sin embargo, las terapias cognitivo-conductuales combinadas con el tratamiento médico las que parecen ofrecer mayores posibilidades de solución al problema.






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