viernes, 5 de julio de 2013

Trastorno de personalidad antisocial


El trastorno de personalidad antisocial, al igual que otros trastornos de personalidad, es un hábito de conducta de larga evolución que altera el funcionamiento y genera angustia.
Las personas con trastorno de personalidad antisocial no respetan las normas de la sociedad, tienen conductas falsas e intimidatorias en sus relaciones, y son desconsideradas con los derechos de los demás. Es posible que las personas con este tipo de personalidad participen en actividades delictivas, pero si lo hacen, no se arrepienten de sus acciones. Pueden ser impulsivos, temerarios y, algunas veces, violentos. Este trastorno es mucho más común y más obvio en los hombres que en las mujeres.

Por lo general, las personas que sufren este trastorno no valoran el hecho de “respetar las reglas”: solo lo hacen si se les amenaza con castigarlos. Esta actitud los lleva a aprovecharse de otras personas. Sacan ventaja de la imparcialidad o de la bondad de los demás y sienten indiferencia o hasta desprecio por sus víctimas. Las personas con este trastorno tienen poca capacidad para intimar con otra persona, o carece de ella. Es probable que cualquier relación duradera tenga cierto grado de abuso o negligencia. 


Sin embargo, algunas veces las personas con este trastorno son encantadoras y pueden ser buenos actores que usan mentiras y engaños para hacer que las relaciones perduren. Algunas no tienen un objetivo más allá del placer de engañar o dañar a los demás.
Parecen no interesarse por nadie aparte de ellos mismos. Es posible que entiendan las emociones de los otros, pero no se avergüenzan ni sienten culpa por el dolor que pueden causar. En su lugar, usan el conocimiento de la debilidad de los otros para obtener favores o para manipular un resultado. Generalmente, una persona con este trastorno no asume responsabilidad por ninguno de sus actos. Culpará a otros cuando las cosas vayan mal. 

Muchos de los que tienen este trastorno sufren porque son autodestructivos y viven sus vidas sin gozar de los muchos placeres que reciben las personas que si  son más capaces de tener relaciones recíprocas y satisfactorias.
Quienes tienen este trastorno también pueden presentar problemas, tales como aburrimiento crónico o irritabilidad, síntomas psicosomáticos, necesidad compulsiva de apostar, alcoholismo y drogadicción y una variedad de trastornos del estado de ánimo o ansiedad. Tienen un riesgo más alto de cometer suicidio. Un número importante ha tenido problemas de conducta o trastorno de déficit de atención cuando niños.

Probablemente, hay una combinación de factores que causan el trastorno de personalidad antisocial:

Influencias del entorno: Una vida familiar caótica con falta de supervisión contribuye a la aparición de este trastorno de la personalidad. También puede ser más común cuando la comunidad no brinda apoyo o gratifica  la conducta positiva. En algunas situaciones, puede haber un refuerzo de la conducta sociopática.

Factores genéticos (heredados) o biológicos: Los investigadores han hallado ciertas respuestas psicológicas que pueden ser específicas de las personas con trastorno de personalidad antisocial. Por ejemplo, tienen una respuesta comparativamente leve al estrés. Parecen ponerse menos ansiosos que la persona promedio y tener más dificultades para mantenerse alerta durante el día. También tienen un “reflejo de alarma” débil (respuesta involuntaria a los ruidos fuertes). Esta insensibilidad relativa puede afectar su capacidad para aprender a través de la recompensa y el castigo.
El lóbulo frontal, el área del cerebro que gobierna el juicio y la planificación, también parece ser diferente en las personas con el trastorno de personalidad antisocial. Algunos investigadores han encontrado cambios en el volumen de las estructuras cerebrales que median en la conducta violenta. Por lo tanto, es posible que las personas con esta clase de función cerebral tengan más dificultad para controlar sus impulsos, lo que posiblemente explique la tendencia hacia una conducta más agresiva.


Síntomas

Los individuos con trastorno de personalidad antisocial generalmente presentan pocos síntomas. Más bien, generan incomodidad o angustia a otros a través de una conducta socialmente inaceptable o porque son:

- mentirosos
- impulsivos
- agresivos o irritables
- imprudentes
- irresponsables
- despiadados


Diagnóstico

Generalmente, un profesional de la salud mental hace el diagnóstico sobre la base de los antecedentes personales. No hay análisis para ayudar a diagnosticar este trastorno. También pueden estar presentes otros trastornos psiquiátricos, como un trastorno del estado de ánimo o de ansiedad, trastorno de déficit de atención o abuso de sustancias.


Duración

Todos los trastornos de personalidad son de por vida.


Prevención

No hay modo de prevenir este trastorno. Es posible que una mejoría en el entorno social de la persona reduzca la gravedad del problema, especialmente si los cambios ocurren al comienzo de la vida.

Tratamiento

Se han propuesto muchas técnicas de psicoterapia para tratar el trastorno de personalidad antisocial. En los más jóvenes, la familia o el grupo de psicoterapia pueden ayudar a cambiar las pautas destructivas de conducta, enseñar habilidades de formación profesional y de relación nuevas, y reforzar el apoyo social de una persona. La psicoterapia también puede ayudar a una persona con este trastorno a aprender a ser más sensible a los sentimientos de los otros y alentar modos nuevos, socialmente aceptables y productivos, de pensar acerca de los objetivos y logros de uno. La terapia cognitiva intenta cambiar la manera sociopática de pensar. La terapia de conducta usa recompensas y castigos para promover el buen comportamiento.

En algunos casos, los síntomas pueden tratarse con medicación. Los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS), tales como la fluoxetina (Prozac) y la sertralina (Zoloft), pueden disminuir la agresividad y la irritabilidad. Estos medicamentos son útiles si hay ansiedad o depresión o si la persona está usando sustancias para automedicarse para la ansiedad o el estado de ánimo depresivo.

Hay muchas preguntas acerca de cuán útil puede ser cualquiera de estas intervenciones en una enfermedad en la que, por definición, las personas afectadas no reconocen que tienen un problema. Es más probable que el tratamiento sea exitoso si se comienza lo antes posible, pero los hábitos de pensamiento y conducta muy arraigados son difíciles de cambiar. Además, cuanto más tiempo una persona viva con este estilo de personalidad, menos interesada puede estar en asumir la responsabilidad de cambiar. Para algunas personas, la tendencia a la agresión y la irritabilidad disminuye con la edad, pero es posible que algunas características de la personalidad persistan.

A menudo, lo único que puede proteger a las víctimas de la conducta antisocial es el sistema penal. En casos raros, los sistemas correccionales (cárceles y prisiones) proporcionan oportunidades para el tratamiento y la rehabilitación, pero, a menudo, estos entornos, donde existe un gran número de personas antisociales, solo promueven la conducta antisocial.

Cuándo llamar a un profesional

Generalmente, las personas con trastorno de personalidad antisocial no reconocen que tienen un problema que requiere tratamiento. Cuando se observa un patrón de comportamiento antisocial, las demás personas pueden recomendar o alentar a la persona afectada a recibir tratamiento. No obstante, es posible que el tratamiento solo se reciba cuando lo imponga un tribunal.

Pronóstico

El pronóstico a largo plazo para el trastorno de personalidad antisocial es muy variable. Aunque algunas veces el tratamiento puede ser exitoso, es probable que el cambio no sea rápido cuando el comportamiento antisocial es grave. En muchos casos, posiblemente sea mejor usar los recursos de tiempo y energía en obtener ayuda para las potenciales víctimas, especialmente aquellos que viven en contacto cercano con la persona que lo padece, como los cónyuges o los miembros de la familia.








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